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Información del producto
Te juro que la primera vez que me puse el antifaz… todo cambió. No podía ver, pero sentía todo más. Cada roce, cada susurro, cada caricia se volvía eléctrico. Cuando me ajustó las muñecas y me puso el collar, no fue un “te controlo”, fue un “te cuido”. Me sentí libre de dejar de pensar, de soltar el control, y simplemente disfrutar. Imagina entregarte al juego de la confianza: una vez colocas el antifaz, los sentidos se agudizan, la imaginación se enciende y cada caricia cobra una nueva dimensión